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Pablo Contrisciani, habitante del país de
los colores, La Plata, El Dia, Tercera Secction, p. 4, 27 de Diciembre
de 1994.
Pablo Contrisciani, habitante del país de los colores
Nacido en La Loma, lo que subraya con orgullo, Pablo
Contrisciani dejó las diagonales hace ya más de un año
para afincarse en una callejuela de casas rojas y escaleras a la vista
en el corazón del West Village, en Nueva York. Instalado ahora
por unos días en el tórrido verano platense, piensa en las
prinieras nieves neoyorquinas y en su trajinar las calles del Village
y del Soho, mirando exposiciones, frecuentando galerías, para luego
volver y encerrarse en su taller para pintar hasta la medianoche sus paisajes
arrancados al país de los colores, sólo un pretexto para
expresar su propio inundo.
"Esa es mi intención, partir de un tema que
es sólo un pretexto para volcar lo que quiero decir a través
del color y que entonces, el espectador reciba esa energía, algo
como que lo desborde..." Pero su vida no es sencilla en NY.
"Es un mundo tremendamente competitivo en donde
entrar en una galería cuesta mucho tiempo porque los tipos te estudian,
quieren saber si sos un tipo cumplidor, si no sos un loquito, si laburás
concientemente, si tu obra puede gustar a sus clientes. En estos momentos
tengo trabajos en dos galerías y estoy en ese examen que me están
tomando sin darme cuenta. Lo mismo, expuse ya una vez de manera individual
y ahora cuando llegue me espera una colectiva. Vendí algunas pinturas
lo que me permitió sobrevivir ayudándome con pequeños
laburos free-lance. Lo prefiero así para tener tiempo para pintar.
No salgo mucho, sólo los sábados y el resto de los días,
pinto y a la hora de la siesta salgo a caminar y a recorrer galerías
hasta las 5 de la tarde más o menos. Mi taller está en un
sitio a pocas cuadras de los museos y las galerías lo que es una
enorme ventaja".
Pablo Contrisciani es egresado de nuestra Fucultad de.Bellas
Artes, ha expuesto en numerosas oportunidades y obtenido importantes distinciones.
Un día hace tres años sintió la sed que una vez habían
sentido sus abuelos y emigró. Recorrió Europa buscando su
lugar. Y no lo encontró. No se reconoció ni en París,
ni en Roma, ni en Madrid. Después de un año y medio volvió
para tomar fuerzas y volver a picar hacia lo alto. Llegó a Nueva
York pero algo había aprendido. Es necesario tener un sitio propio.
"Eso me cambió totalmente la perspectiva.
Yo llegué y a los dos días estaba pintando. En Europa iba
de taller de amigo en taller de amigo. Instalado poco a poco fui conociendo
gente. Fundamentalmente a medida que rompí con la barrera idiomática
y empecé a hablar inglés. El nuoyorquino no es para nada
cerrado. Todo lo contrario. Es una ciudad muy cosmopolita, en donde te
topás con mucho extranjero instalado. Tiene cierta cosa a Buenos
Aires, pero ellos tienen realmente hambre cultural y acumulan de todo.
Los museos tienen más de Latinoamérica que nuestros países.
La experiencia es fascinante. Pero todavía siento un vacio. No
se si es falta de adaptación o algo mío. Habrá que
ver qué me pasa con el correr del tiempo. Por ahora, hay un futuro
con compromisos para cumplir ... ".
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